Conviérte y cree en el Evangelio.


Comenzamos la Cuaresma, tiempo de memoria y de conversión. Memoria para recordar que Jesús con su vida nos fue indicando el camino a seguir. Su vida es una Buena Noticia, Evangelio vivo, que sigue estando ahí, a nuestra disposición para seguir haciéndolo vida en nosotros y para los demás.


Con el miércoles de ceniza se inicia la Cuaresma. Cuarenta días de preparación para vivir la Semana Santa y conversión a una vida mejor. Iniciamos un camino que nos conducirá al esperado y gozoso Domingo de Resurrección, día en el que Jesús vence a la muerte. Por ello la Cuaresma es un tiempo de gracia y esperanza, donde la Iglesia nos recuerdo tres actuaciones que como cristianos hemos de potenciar: ayuno, limosna y oración.

 

Es un tiempo propicio para salir de nosotros y a través de la Oración encontrarnos diariamente con Dios y con la necesidad del hermano y, en especial, por los más desfavorecidos, ante los cuales nos mostraremos con una mirada compasiva.

 

Ojalá uno práctica diaria fuese la limosna, actitud que no se debe limitar a tranquilizar nuestra conciencia. Volvamos a los albores de la Iglesia y apreciemos con asombro como las primeras comunidades cristianas compartían lo que tenían y no lo que sobraban. La Cuaresma es una oportunidad para hacer del compartir una virtud y un hábito diario. Reconocer que somos afortunados por los dones recibidos, materiales y espirituales, y que nuestro Padre nos pide que los pongamos al servicio del otro.

 

Con el ayuno pretendemos librarnos de todo aquello que nos esclaviza (móvil, juegos, dinero… y de todo aquello, que sin darnos cuenta, ha sido impuesto por tantos falsos dioses que buscan sus intereses propios, sin importarle lo más mínimo el sufrimiento y la dignidad del prójimo. Con el ayuno también experimentamos levemente el hambre que padece a diario multitud de familia, de hombres, mujeres y niños que no han tenido la fortuna de tener cubiertas las necesidades básicas, mientras que nosotros frívolamente nos atrevemos a infravalorarlas.

 

Las comunidades educativas de los colegios de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor,nos adentramos ilusionadas en un camino donde nuestros corazones laten con más fuerza y se aproximan al amor de Dios y del hermano, con el anhelo de hacer de este mundo un remanso de justicia, amor y paz - Como dijo el Papa Francisco: “ La Cuaresma es el tiempo para abrir el corazón al aliento del único capaz de transformar nuestro barro en humanidad”.