Teatro en la escuela: farándula o utilidad

 

Vivimos en una época en la que el pragmatismo es la clave, la tecnología es el medio y la inmediatez el estilo. Es por ello que cuesta atribuir beneficios a una actividad tan “espectacular” en todos los sentidos como es el teatro, en particular, y las artes escénicas, en general. Desde hace tiempo en diversos foros pedagógicos se ha barajado la posibilidad de convertir las artes escénicas en materia obligatoria, ¡ojalá!, pero hasta que alguien se atreva a lanzar este órdago a la grande, los que pensamos firmemente que no es una locura extravagante, nos dedicaremos a convencer de que merece la pena más allá de una mera experiencia extraescolar que se aplaude en un festival de fin de curso.

 

En primer lugar, la importancia de la desinhibición, aprender a moverse con soltura en un entorno social real es crucial en la vida cotidiana y hoy más que nunca dado que nos estamos acostumbrando peligrosamente a ocultarnos tras perfiles anónimos en las redes sociales Esto nos convierte en “osados”virtuales, pero timoratos y vulnerables en el tú a tú. Esta situación es un hecho y, aunque el ser humano es un ser social por naturaleza, sin embargo es imprescindible aprender a socializar de manera conveniente, solvente y, por qué no, ¡¡¡exitosa!!! Creemos firmemente que el teatro como herramienta en la escuela contribuye de manera eficaz a resolver este handicap posible y muy frecuente. La experiencia nos dice que quien hace teatro aprende a manejarse con soltura, incluso gracejo, en el entorno social que le ha tocado en suerte. Indiscutiblemente que el ser buen actor es un punto de excelencia al alcance de muy pocos, pero en este caso no se trata de “don”, todos podemos aprender y, garantizado, de manera divertida.

 

Otro ingrediente que el teatro en la escuela puede ofrecer como aprendizaje útil es el trabajo en equipo y lo hace de una manera natural, armoniosa, fluida y esto es así porque, sencillamente, sin un equipo es imposible montar nada. A ello hay que añadir que se consigue un grado de conexión entre los miembros del elenco muy próxima a la amistad. Este trabajo en equipo se orienta sobre todo a la responsabilidad cooperativa (sin ti no soy nada), nos necesitamos, nos apoyamos, nos queremos. Es real, ¡¡funciona!! y el ámbito escolar es un caldo propicio para generar equipos diversos en edad y responsabilidades.

 

También la innovación tecnológica puede formar parte del trabajo en el ámbito teatral, la incorporación de elementos como las nuevas tecnologías o infraestructuras complejas, ya sea iluminación, audio, fondos audiovisuales, etc... forma parte de la competencia personal-grupal de los miembros del equipo. Importa aclarar que se trata de algo superfluo, por lo tanto, prescindible. Si bien es cierto que le aporta espectacularidad, resulta irrelevante para lo que aquí se quiere poner de manifiesto: la falta de recursos es algo que no se debería esgrimir como excusa para no acometer una actividad teatral en la escuela. Resulta tan ridículo como si se justifica la imposibilidad de dar clase porque se agotaron las tizas, no va la wifi o se nos ha olvidado el Ipad en casa…

 

Finalmente, la escuela, como ámbito de construcción en materia educativa, como espacio en el que contribuye a la madurez del ser humano de manera integral en la procura de un individuo autónomo, solvente y capacitado para desenvolverse con criterio, debe considerar seriamente el hecho de contar con un equipo de trabajo que investigue, desenvuelva y, si es el caso, ponga en valor las artes escénicas por medio de acciones, inversión (económica y humana) y, sobre todo, respeto.


No estamos, pues, hablando de farándula, sino de una manera diferente de conectar con el alumnado, con toda la comunidad educativa, incluso, más allá del espacio escolar concreto. Vivimos inmersos en una sociedad que se muestra reticente a valorar la sensibilidad; Por muy útiles que sean, ¡¡Y LO SON!!, nadie en los momentos cruciales de la vida apelaría al pragmatismo de una fórmula química o de una ecuación matemática, sino a una palabra hermosa, a la ternura de una melodía, a la belleza de una imagen…, ¿por qué somos tan dados a etiquetar como “no útiles” acciones que nos interpelan emotivamente? Solo resulta relevante lo que emociona, es lo que forma parte de los recuerdos y se asume como significativo. Ha llegado el momento de atrevernos a incorporar la emoción en el aprendizaje. Disciplinas como la música, la danza, el arte en general, otrora valorados como eje fundamental en el aprendizaje, hoy están siendo relegadas al olvido, ninguneadas sin pudor. El ser humano, envuelto en su espiral pragmática, le da la espalda a la belleza: ¿LO PODEMOS PERMITIR?, ¡¡VIVA EL TEATRO!!, THE SHOW MUST GO ON!