En 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Hace 70 años este documento proclamó los derechos inalienables inherentes a todos los seres humanos, sin importar su raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, propiedades, lugar de nacimiento ni ninguna otra condición. Expone valores universales y un ideal común para todos los pueblos y naciones. Además, establece que todas las personas tienen la misma dignidad y el mismo valor.

 

Aunque quede camino por recorrer para que las promesas que encierra se cumplan plenamente, este documento, traducido a más de 500 idiomas, ha fortalecido la dignidad de millones de personas y ha sentado las bases de un mundo más justo. Su perdurabilidad en el tiempo es prueba inequívoca de la universalidad imperecedera de sus valores eternos sobre la equidad, la justicia y la dignidad humana.


Debemos luchar por nuestros propios derechos y por los del prójimo. Podemos pasar a la acción en nuestras vidas diarias para defender aquellos derechos que nos protegen y así fomentar la unión de todos los seres humanos:

 

«En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. [...] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano».


 Eleanor Roosevelt,

Presidenta del Comité de Redacción de la

Declaración Universal de Derechos Humanos


 

Destacado: