Este domingo celebramos Pentecostés, la fiesta que nos hace revivir los inicios de la Iglesia. Cincuenta días después de la Pascua, en la casa donde se encontraban los discípulos de Jesús, éste se apareció y les dijo: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo».

 

Esto supuso un cambio para los presentes, les llenó de alegría y les hizo ponerse en marcha y anunciar la Buena Noticia de que Jesús había resucitado. Además, este hecho transformó sus vidas, y les animó a vivir tal y como Jesús les había enseñado.

 

El Espíritu Santo es una fuerza motora, que nos acompaña y nos cambia, que nos ayuda a seguir adelante y nos permite proclamar el Evangelio. Su presencia en nuestra vida hace que el mensaje de Jesús siga presente y llegue a cada rincón y a cada persona.

 

Él, fue el que iluminó a María Ana a cumplir su vocación y comenzar un nuevo camino: educar con “amor de madre”. El sigue presente en nuestro día a día, en nuestros colegios, y hace que la labor evangelizadora de nuestros centros continúe, permitiendo que cada alumno y cada alumna conozca el Amor que Dios nos tiene.
 

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