Es tiempo de espera, con halo de misterio y presagios de Resurrección. Hay signos de que la luz de Cristo terminará venciendo a la oscuridad. Se disiparán las tinieblas y resplandecerá un hermoso día para que celebremos con alegría la Pascua de Resurrección.


Hoy es la gran noche, silenciosa pero no cerrada. En ella se vislumbra una titubeante llama que invita a los hermanos a reunirnos en torno al fuego que calienta y vivifica y que es luz para caminantes. Esta luz guiará nuestros pasos. “Yo soy la luz y el camino “, nos dice el Señor.


Somos miembros de una familia, la de María Ana Mogas, y ciudadanos del Pueblo de Dios, constructores de una historia de encuentro de amor y de desamor .En esta noche, repasamos nuestra historia y renovamos nuestro compromiso para no decaer y seguir caminando, siendo instrumentos de esa Luz Resucitada en medio de tanto sufrimiento y dolor.


Siguiendo la estela de Jesús Resucitado nada hay que temer, porque su presencia está en medio del mundo, de nuestra familia y de nosotros.
 

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